Ana Vanesa Caparrós: Mientras hacía la tesis me tenía que levantar a las 4 de la mañana para avanzar con el trabajo y que estuviera todo listo cuando los niños se despiertan. Y por las noches se me dormían en los brazos mientras revisaba los datos de los ensayos. Los dos últimos años fueron especialmente intensos y la misma semana que tuve la defensa de la tesis fue también la comunión de mi hija. Pero cuando concluyes la tesis sientes una satisfacción muy grande y tus hijos lo viven también con ilusión.
Lola Ojados: Yo venía al laboratorio a las 5 de la mañana los fines de semana y volvía a casa para desayunar con ellos. Y me llevo a mi hija a los congresos, porque de otro modo no disfrutaría de vacaciones con ella. A cambio, ha aprendido antes que el resto de su clase a manejar Power Point, pero sigue dejando notas ‘mamá trabaja demasiado’.
Lola: En la Universidad tenemos flexibilidad horaria, pero también tiene un precio. Lo que no haces en un horario, lo tienes que hacer en otro. Yo puedo llevar a mi hija al colegio, pero no estoy por la tarde para ir con ella al parque”. ¿Y cuándo es el momento para dedicarles menos tiempo a los hijos? Porque los mayores también tienen necesidades y requieren atención, aunque no sea tan evidente.
Roles diferenciados
Ana: Con los hijos también hay que combatir los estereotipos y la diferenciación de roles que hacen, en la que te ven como el eje de familia, para que no te cuestionen que hagas la tesis o para que entiendan que todos tenemos derecho a hacer deporte. Este año, por primera vez, he conseguido poder ir a bailar dos horas a la semana”
Adela Ramos: Yo he aprendido a quitarme a veces de enmedio, para que mi familia no sea tan dependiente de mí.
Ana: Deben asumir que no eres peor madre por no estar siempre resolviéndoles la vida”
Lola: Nuestra generación aún está programada para eso, por la educación patriarcal y machista, por lo que muchas veces no podemos ni elegir. Mi madre fue mi referente, porque lo arreglaba todo sin necesidad de nadie, ya fuera una avería en casa o en el coche, se las ingeniaba.Y ahora ése es el rol que reproduzco, aunque no quiera”
Adela: También nosotras podemos reeducarnos.
Ana: En el hogar cada vez se comparten más las responsabilidades, pero en mi casa soy yo la que tengo que dirigir, aunque mi pareja me ayuda mucho”
Adela: No es ayuda es corresponsabilidad y coordinación lo que hace falta.
Ana: Sí, pero en la práctica necesita que le diga lo que tengo que hacer.
Brecha laboral
Adela: Cuando trabajaba en la empresa privada veía que yo me tenía que ir a casa, porque se iba la canguro, y mis compañeros hombres podían quedarse a echar más horas y hacer méritos para ascender. Tienes que decidir y da rabia, porque te gustaría estar ahí, porque sabes que lo mereces. Al final opté por renunciar al trabajo para poder realizar la tesis y pasar más tiempo con mis hijos.
Lola: Siempre se renuncia a algo y no todo es recuperable. Cuando nació Candela, tenía a dos adolescentes y a mi madre muy enferma, así que me tomé seis meses de excedencia y me costó años recuperar lo que hubiera conseguido de no haberme ido. Es una penalización que ellos no tienen y el resultado es que pocas mujeres llegan a puestos directivos sin renunciar a su familia.
Adela: Cuando veo la de mujeres que desaparecen del mercado laboral a los 30 pienso: ¿somos tontas?. El mensaje a las jóvenes debe ser: sigue adelante, no renuncies. Porque la brecha salarial es un hecho.
Lola: Afortunadamente, estamos en un momento, tras el 8M del año pasado, de mucha concienciación para avanzar hacia la igualdad, aunque aún queda mucho por hacer.